
Les propongo un viajecito en el tiempo, retrocedamos 300 años...
En el siglo XVIII los barcos se perdían (prolongándose así la duración de los viajes y el riesgo del escorbuto), se estrellaban contra las costas, acantilados o entre ellos mismos, todo ello por no poder calcular con precisión la longitud (distancia angular geográfica este-oeste) en la que se encontraban.