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Crudo escenario
Por el lado del petróleo, el derrumbe es incluso más ostensible, ya que desde mayo de 2008 la producción descendió a un promedio del 15,60% hasta 2009 y desde ese año a 2010 se desplomó a un ritmo interanual del 16,16%. Al igual que con el gas, los registros de los primeros meses de 2011 no hicieron más que confirmar el oscuro horizonte que se cierne sobre las reservas y las regalías hidrocarburíferas de la provincia.
La profunda crisis del sector incomoda al Gobierno salteño, que evita pronunciamientos frontales contra la política energética nacional, perfilada cada vez más hacia la importación de gas natural licuado (GNL) y otros caros combustibles sustitutos, especialmente para las usinas térmicas (fuel oil y gasoil).
En contraste con esta creciente dependencia, ligada a monstruosas erogaciones en subsidios estatales, el rumbo marcado por el ministro de Planificación Federal, Julio De Vido, mantiene planchado el precio del gas en boca de pozos argentinos y desalienta toda inversión en los yacimientos del país.
Sin exploración
Técnicos del sector aseguraron a este diario que “no es casual” que los mayores derrumbes de la producción gasífera se experimenten hoy en Salta, dada la proximidad de sus maduros y declinantes bloques hidrocarburíferos con los de Bolivia. Allá, petroleras que operan yacimientos a uno y otro lado de la frontera están priorizando sus inversiones en exploración para sumar pozos productores y reservas. Ello es así porque por el gas producido en grandes yacimientos salteños, como Ramos, Aguarage o Acambuco, las petroleras asociadas en esas áreas del departamento San Martín perciben un valor tres veces inferior al que se paga por el mismo gas, pero ingresado a Campo Durán desde los campos gasíferos del sur de Bolivia.
Diferencias abismales
El Gobierno argentino negoció la compra del gas importando desde Bolivia a un valor de aproximadamente 7,50 dólares el millón de BTU (unidad térmica británica equivalente a poco menos de 27 metros cúbicos), mientras que la misma cantidad de gas, pero bombeada desde pozos argentinos, se paga a razón de unos 2,50 dólares el millón de BTU.
En el caso del GNL, que no es otra cosa que gas natural sometido a un proceso de enfriamiento que permite transportarlo en busques y reinyectarlo luego a los gasoductos desde plantas regasificadoras emplazadas en zonas portuarias, las diferencias de costo son de cinco a uno, ya que cada millón de BTU importando desde Qatar, Trinidad o Venezuela cuesta no menos de 13 dólares puesto dentro de los gasoductos.
A su vez, los combustibles líquidos que el Gobierno nacional autoriza a quemar en las centrales térmicas, para sustituir al gas natural que escasea en los yacimientos del país, cuestan entre cuatro (fuel) a ocho veces (gasoil) más caros que el combustible fluido.
Fuente: Diario El Tribuno de Salta |